Amar a la esposa

Ser amoroso con la esposa va mucho más allá de decir "te amo".

Comprensión y Empatía.

Dios quiere ayudarte a ser uan esposa atenta.

En este tiempo debes proteger a tu familia

Ser padres ejemplares implica brindar las herramientas correctas

4 Caracteristicas de Padres Difíciles:

Ser buenos padres nunca será fácil.

viernes, 16 de enero de 2026

SÉ AMOROSO. (Esposo)

SÉ AMOROSO.
(Esposo)


Colosenses 3:19. Reina-Valera 1960.
19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

    El apóstol Pablo en este texto bíblico eleva el estándar al amor ágape: A un amor sacrificial, buscador del bien del otro y basado en la voluntad, no en la emoción.

    Podríamos agregar que ser un esposo amoroso con la esposa significa expresar afecto, apoyo y cercanía emocional a través de gestos, palabras y acciones que demuestren que te importa, creando un vínculo de confianza, respeto y compañerismo, cooperando para su bienestar y compartiendo una vida juntos, no solo en momentos románticos, sino también en la vida cotidiana.

    Ser amoroso con la esposa va mucho más allá de decir "te amo". Se trata de un compromiso activo de cuidar su bienestar emocional, físico y espiritual a través de acciones cotidianas. No es un sentimiento pasivo, sino una decisión que se renueva cada día.

¿Cómo un esposo puede ser amoroso con su esposa?:
1. La Presencia y la Escucha Activa: Ser amoroso significa estar presente no solo físicamente, sino con toda tu atención. 
Escuchar sin juzgar: Cuando ella habla, el objetivo debe ser comprender su corazón antes que ofrecer soluciones apresuradas.
Validación: Reconocer sus emociones con frases como «entiendo por qué te sientes así» no es solo empatía, es un acto de amor profundo que fortalece el vínculo emocional.

2. La Mayordomía de las Palabras y el Tono: El esposo amoroso es el guardián de la atmósfera del hogar. Es consciente de que el contenido de su mensaje es tan vital como la forma en que lo entrega.

El poder de la voz: Entiende, como dice el proverbio, que la respuesta blanda aplaca la ira. Sus palabras son herramientas diseñadas para edificar, nunca para socavar el espíritu de su esposa.
La amabilidad constante: Significa ser tan cortés con ella en la intimidad del hogar como lo eres con un extraño o con una persona desconocida.

3. Pequeños Detalles (La "Ley del Interés"). El amor no sobrevive de eventos extraordinarios, sino de la atención a lo cotidiano. Es lo que llamamos la «Ley del Interés».
Gestos espontáneos: Un mensaje a mitad del día, comprar su dulce favorito o ayudar con una tarea que ella detesta sin que te lo pida.
Contacto físico no sexual: Besos al despedirse, abrazos largos de más de 20 segundos o tomarse de la mano mientras caminan. Esto genera seguridad y conexión.

4. Respeto y Admiración. El amor sin respeto se marchita rápido.
Honrarla en público: Hablar bien de ella ante los demás y ser su principal defensor es una forma de protección integral.
Valorar su diseño único: Amar es apoyar sus metas y su crecimiento personal, reconociendo que ella es una persona completa, con un propósito divino que trasciende su rol como esposa.

5. Responsabilidad Compartida. Hoy en día, ser amoroso implica ser un compañero de equipo.
Carga mental: No esperes a que ella te diga qué hacer en casa. Tomar la iniciativa en las responsabilidades del hogar demuestra que valoras su tiempo y su descanso.

6. Seguridad Espiritual y Emocional. Significa que ella sienta que cuando viene a ti es “lugar seguro". Como esposo debes orar por tu esposa a solas y delante de ella.
Honestidad y transparencia: La confianza es la base donde descansa el afecto.
Saber pedir perdón: Reconocer tus errores y trabajar en cambiarlos es una de las formas más altas de amor.

 

DIOS AMA TU FAMILIA



 
                               
Pastores Asociados
Ministerio Internacional Centro de Esperanza
Caracas - Venezuela

4 NIVELES QUE VIVEN LAS FAMILIAS.

4 NIVELES QUE VIVEN LAS FAMILIAS.
(Familia)



2 Reyes 4:1-7.
1 Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos. 2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite. 3 El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. 4 Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. 5 Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. 6 Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite. 7 Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede. 

    El pasaje de 2 Reyes 4:1-7 nos revela cómo, en medio de la crisis, Dios puede de la nada hacer algo extraordinario y transformar lo poco en abundancia. Esta enseñanza se aplica también a la vida familiar, pues cada hogar atraviesa diferentes niveles emocionales y espirituales. A continuación analizaremos los 4 niveles que pueden atravesar las familias hoy:

I. LOS QUE NUNCA TIENEN NADA. Estas familias reflejan algunas de estas características: 
1.  La Carencia de Pertenencia (Para ellos el “Hogar” que no existe o no es algo importante). Para muchas personas, la familia es un refugio, pero para “los que no tienen nada”, la familia es solo un grupo de personas que comparten un apellido o un techo, pero no una historia.

2.  El vacío de identidad: Son hijos o padres que no conocen sus raíces, sus historias familiares o los valores que los definen. Sienten que no pertenecen a ningún lado. Es la sensación de desconexión con las raíces familiares: no conocer la historia, los valores o las tradiciones que dan sentido a la pertenencia. Esto genera un sentimiento de estar “desarraigado”, como si no hubiera un lugar seguro al cual llamar hogar.

3. La invisibilidad emocional: Son miembros de la familia que están físicamente presentes pero emocionalmente ignorados. Sus logros no se celebran y sus penas no se consuelan.

II. LOS QUE TIENEN UN POCO. Características de algunas estas familias:
1.  La falta de red de seguridad: “los que tienen un poco” significa saber que, si fracasas, no hay un colchón familiar que te sostenga. En muchas familias, el “hogar” funciona como un colchón emocional, espiritual, económico y social: un lugar al que se puede volver si las cosas salen mal. Pero cuando esa red no existe, “no tener nada” significa vivir con la certeza de que si fracasas, nadie te sostiene. No hay apoyo económico, emocional ni práctico.

2.  La desconexión parcial o total de Tiempo y Presencia. En la sociedad actual, el "tener solo un poco” se manifiesta a menudo como una desconexión parcial o total debido a las exigencias externas. Padres ausentes por necesidad o elección. Familias donde los adultos trabajan jornadas extenuantes y los niños crecen “huérfanos de padres vivos”. Tienen objetos materiales, pero no tienen guía.

3.  La cultura de la distracción: Familias que, estando juntas en una mesa, están cada uno en su pantalla. Tienen conexión a internet, pero no tienen conexión humana. Esta cultura solo deja que las familias tengan un poco o nada de tiempo de calidad para compartir.

4.  Falta de modelos a seguir: En la familia, los modelos a seguir son las figuras que muestran con su vida, cómo enfrentar dificultades, cómo amar sin condiciones y cómo construir relaciones saludables. Cuando estos ejemplos no existen, las nuevas generaciones carecen de herramientas espirituales, emocionales y prácticas para formar sus propias familias sólidas.

5. La mentalidad de escasez: Es la creencia de que el afecto, la atención y el apoyo son limitados y deben ganarse o negociarse. En lugar de sentirse como un derecho natural dentro del hogar, se viven como una “moneda de cambio”: “te apoyo si cumples mis expectativas” o “te quiero si te comportas como espero”.

III. LOS QUE TIENEN LO JUSTO. Rasgos que pueden presentar estas familias:
1.  Afecto suficiente, pero limitado: El cariño existe, pero se expresa de manera esporádica y contenida. Los padres aman a sus hijos, pero no siempre lo demuestran con abrazos, palabras de aliento o gestos cotidianos. Los hijos saben que son queridos, pero a veces lo sienten más como una certeza racional que como una experiencia emocional. El afecto aparece en momentos clave (cumpleaños, logros escolares, celebraciones), pero no en la rutina diaria.

2.  Presencia parcial: Los padres están físicamente en casa, pero su presencia emocional es reducida. Se enfocan en lo funcional: trabajo, responsabilidades, tareas del hogar. Los hijos perciben que sus padres cumplen con lo necesario, pero rara vez se detienen a escuchar profundamente o compartir tiempo de calidad. La convivencia se centra en lo práctico: comer, estudiar, dormir, sin espacios de conexión emocional.

3.  Comunicación básica: Se habla lo justo para mantener la convivencia, pero no se profundiza en emociones, sueños o preocupaciones. Las conversaciones giran en torno a lo cotidiano: tareas, horarios, responsabilidades. Los hijos rara vez comparten lo que sienten o sueñan, porque no encuentran un espacio abierto para hacerlo.

4.  Estabilidad mínima: La familia no está rota ni en conflicto constante, pero tampoco se percibe como un refugio pleno. Hay paz relativa: no abundan las peleas, pero tampoco los momentos de alegría compartida. El hogar se siente seguro en lo material, pero vacío en lo emocional.

IV. LOS QUE TIENEN EN ABUNDANCIA. Aspectos que marcan la vida de estas familias:
1.  Unidad auténtica: Se perciben como un “nosotros” fuerte, más allá de las individualidades.

2.  Resiliencia compartida: Ante las crisis, se apoyan mutuamente y encuentran sentido en la dificultad.

3.  Ambiente cálido: El hogar se siente como un espacio de paz, alegría y seguridad emocional.

4.  Legado positivo: Los hijos crecen con modelos claros de amor, resiliencia y espiritualidad que replicarán en sus propias familias.

5.  Plenos y seguros: Cada miembro sabe que pertenece y que es amado.

6.  Una esperanza viva: Ven el futuro con confianza, porque saben que no están solos.

7.  Con raíces y alas: Tienen identidad familiar sólida y, al mismo tiempo, libertad para crecer.

8.  Fe y esperanza compartida: La fe en Dios es la clave central y se busca compartir y vivir una vida como familia como Dios espera.

    Como conclusión, esta historia nos recuerda que cada hogar vive en distintos niveles emocionales y espirituales: Están los que nunca tienen nada, donde reina la carencia de pertenencia y la invisibilidad afectiva; los que tienen un poco, con vínculos frágiles y una red de apoyo limitada; los que tienen lo justo, familias que se sostienen en afecto básico y estabilidad mínima, pero sin plenitud; y finalmente los que viven en abundancia, hogares donde el amor, la fe y la resiliencia se multiplican como el aceite de la viuda, convirtiéndose en refugio, legado y esperanza. Estos cuatro niveles nos muestran que la verdadera riqueza de la familia no está en lo material, sino en la capacidad de cultivar vínculos profundos y espirituales que reflejen el amor de Dios.



DIOS AMA TU FAMILIA



 
                               
Pastores Asociados
Ministerio Internacional Centro de Esperanza
Caracas - Venezuela